El sitio arqueológico de Peralta forma parte de una cultura regional llamada La Tradición El Bajío, que habitó en las laderas y planicies de ésta región, entre los años 300 y 650 de la era cristiana, se localiza al oriente del Municipio de Abasolo, en la región suroeste del estado de Guanajuato. Su ubicación, en medio de la planicie aluvial del Río Lerma y a un kilómetro de distancia del cauce de este histórico río que aseguró para la población prehispánica una gran cantidad de recursos para su subsistencia. Imaginemos al Bajío como una región constantemente inundada por las lluvias y las crecientes del Lerma y de los ríos que en él confluyen, como el Laja, el Guanajuato, el Turbio y el Angulo; mostrando pequeños lagos y amplios pantanos que proporcionaron una gran variedad y cantidad de bienes. La riqueza material y cultural de estos ambientes lacustres y palustres, la existencia de fértiles tierras en las laderas y planicies, así como la presencia de yacimientos de materias primas que resultaron estratégicas para la sociedades mesoamericanas como la obsidiana y la riolita en las sierras de Abasolo y Pénjamo,  crearon las condiciones ambientales propicias para el desarrollo de las sociedades antiguas.

En suma, el hecho de que en esta región hayan existido recursos básicos y aquellos que resultaron estratégicos para las economías antiguas, sin duda, fue uno de los factores determinantes para que la población abajeña estructurara un sistema de producción e intercambio regional, para que sus relaciones sociales y culturales se establecieran entre diferentes asentamientos (por ejemplo con San Bartolomé Agua Caliente y San Miguel Viejo) y, en el caso específico de Peralta, para que sus redes de parentesco rebasaran los límites inmediatos de lo que hoy conocemos como el Municipio de Abasolo.

Las notables similitudes en la arquitectura y en la cerámica de casi 200 asentamientos prehispánicos del Estado de Guanajuato que forman la tradición del Bajío, se explica no sólo por la presencia de un sistema de intercambio regional, sino por que se construyeron determinados espacios bajo un mismo patrón arquitectónico ya que realizaban en ellos prácticas culturales y rituales similares. El principio constructivo de esta arquitectura se forma básicamente de montículo y patio hundido con ocho variantes, seis de las cuales se encuentran en Peralta. Justamente es esa diversidad de espacios construidos lo que ha motivado la realización de los trabajos de exploración arqueológica, buscamos entender las distintas actividades y usos que tuvieron los patios cerrados. Por el momento sabemos que la población prehispánica del Bajío compartió un mismo sistema de prácticas culturales y sociales y crearon una extensa red de relaciones de parentesco. En cuanto a la organización social vemos un escenario histórico de comunidades organizadas políticamente en varios centros independientes con territorios propios. A este notable conjunto de asentamientos jerarquizados con arquitectura similar lo hemos denominado la Tradición El Bajío.